Altro sentiero luminoso

Seguendo la lezione di Hernando de Soto, sperimentata in Perù, anche o ancor più nel 21° secolo potremmo dire che l’economia informale non è il problema ma è la soluzione della crisi economica che, specialmente in Italia, ci angustia e ci fa dubitare del futuro di un paese che, come il nostro, avrebbe tutte le possibilità per soddisfare le legittime aspirazioni di un popolo che, con la sua genialità millenaria, in molti momenti della storia è stato un faro di civiltà e di progresso.

Tuttavia, come per il Perù – con la pluriennale insorgenza armata di Sendero luminoso – raccontato da de Soto, si può dire anche per noi, pur facendo tutti i distinguo del caso, che tutto dipende da un sistema legale sconnesso dalla realtà economica e dalla incapacità di un sistema politico di capire che, se non fosse per i costi della formalizzazione, l’economia informale uscirebbe ben volentieri dalla informalità.

Del resto, se le ricerche di de Soto degli anni ’80 del secolo scorso dimostrano chiaramente come l’economia informale non sia nemica degli operatori regolari e come la informalità dipendesse da un eccesso di regolazione per fare impresa, non possiamo non vedere quanto la realtà italiana attuale sia simile e quanto essa sia ancora lontana dal trovare le giuste chiavi di lettura e le opportune soluzioni, malgrado tutte le enunciazioni.

Basta leggere de Soto per capire bene, di là dalla specifica vicenda di Sendero luminoso, come si possa fare di necessità virtù.

“En 1989 el Congreso de la República aprobó por unanimidad la Ley de Simplificación Administrativa (Ley 25035) diseñada por el ILD, con la finalidad de reducir los costos y requisitos de cumplir con las regulaciones, volver más eficientes y racionales las autorizaciones y licencias, y hacer participar a los ciudadanos en el control y aplicación de la norma. La norma contenía una serie de mecanismos simplificadores derivados de cuatro principios básicos en el funcionamiento de la administración pública: presumir que los ciudadanos dicen la verdad permitiendo autorizaciones automáticas sujetas a fiscalización posterior; eliminar los requisitos, exigencias o formalidades innecesarias y costosas; desconcentrar las decisiones rutinarias en los funcionarios de segundo o tercer nivel; y, sobre todo, incorporar a los usuarios – que son los que realmente saben dónde están los cuellos de botella – en la aplicación y retroalimentación de la simplificación.

Para facilitar su implementación, el gobierno puso en marcha un programa denominado Tribunal de Simplificación Administrativa, que se encargaría de recoger las quejas de los ciudadanos sobre las regulaciones excesivas y los abusos de los empleados públicos – y publicitarlas a través de la prensa -, para dar soluciones y monitorear el cumplimiento de las medidas de simplificación del Gobierno. El entonces presidente Alan García y yo nos presentábamos en cadena estatal de televisión cada dos semanas, para anunciar nuevas medidas dirigidas a simplificar los trámites en el sector público. Cada presentación del Jefe de Estado duraba hasta 4 horas con un alto nivel de sintonía (14 puntos en promedio).

El gobierno escuchó al pueblo y derribó las barreras legales cuyos efectos perjudiciales sobre el desarrollo económico no habían sido hasta ese momento debidamente evaluados. Esto llevó a la creación de 1,000 leyes y decisiones administrativas.

Entre esas reformas habían mecanismos para escuchar a la mayoría de los peruanos y para identificar y promover la inclusión económica: el control ciudadano de las autoridades, el derecho de crear iniciativas legislativas, la publicación previa de las normas para el escrutinio público antes de su promulgación, las audiencias públicas y consultas populares, el acceso ciudadano a la información pública y la Defensoría del Pueblo contra la exclusión económica”*.

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*) FORMALIZAR PARA CRECER Y VIVIR SEGUROS, Instituto Libertad y Democracia por Hernando de Soto 24 mayo del 2016, Historia secreta de cómo la formalización fue el paso indispensable para derrotar a Sendero y a la extrema pobreza, passim.

 

 

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