nomina sunt consecuentia rerum

No nos pidas la palabra …

No nos pidas la fórmula que mundos pueda abrirte

…Eso sólo podemos decirte:

Lo que no somos, lo que no queremos

E.Montale

¿hablamos para entendernos o hablamos para engañarnos?

Dicen que la nuestra es la era de la comunicación, pero, no obstante, resulta difícil comunicar eficazmente ¿estamos delante de un levantamiento de las palabras? O ¿estamos delante de una gran confusión de ideas? ¿donde está la verdad? Admitiendo que la verdad esté en algún lugar.

¿nomina sunt consequentia rerum? o más bien ¿res sunt consequentia nominum? ¿tal vez nombres y cosas están ligados a una específica causalidad o a una mera casualidad?

¿como dice Julieta? “La rosa no dejaría de ser rosa, tampoco dejaría de esparcir su aroma, aunque se llamara de otra manera”.

¿No obstante es verdad que nomen est omen? Como no todos aquellos que se llamen Tranquilo son tranquilos es inútil llamar Tranquilo a un neonato por que sea tranquilo de grande. Aunque sea posible que la mayor parte de ellos que se llaman Tranquilo sean verdaderamente tranquilos.

Y  todo eso nos lleva a la oscura capacidad de las palabras de dar un sentido a las cosas o, mejor, a la inconsciente capacidad de los hombres de emplear las palabras para intentar dar un específico sentido a las cosas.

El espesor semántico de las palabras puede ser descrito lexicograficamente y nos da el sentido de la evolución de su significación a lo largo del tiempo y de los lugares. Pero hay un espesor ideológico de las palabras que las hace palabras de orden o palabras que ordenan una conducta política, social, cultural.

Tengamos en cuenta la “neolengua” de Orwell

LA GUERRA es PAZ

LA LIBERTAD es ESCLAVITUD

LA IGNORANCIA es  FUERZA

como la forma más bruta de las palabras y de los sentidos a lo largo del siglo XX.

Pero todo eso no excluye que quien conoce más palabras y sus distintos sentidos sea favorecido y quien conoce menos sea desvalido.

Sin duda el colapso de la cultura popular no se relaciona al rogo de los libros pero se relaciona al olvido en el que la escuela hizo caer la lectura.

Y, como el sordo acaba no hablando, quien no lee acaba no sabiendo escribir, hablar bien, ordenar sus pensamientos, palabras, obras.

El acto de dolor civil por nuestros pecados (pensamientos, palabras, obras) no se perfecciona sólo con las omisiones sino que procede de esas:  por supuesto el pecado más grave no es hacer, es no hacer.

Al final queda la triste duda si hablamos para entendernos o para engañarnos. Pero, sin embargo, tenemos que seguir hablando, siempre.